Cuándo la vivienda convierte en pobres a quienes trabajan
El coste de la vivienda está reconfigurado la pobreza en España. No se trata solo de que haya gente sin recursos; se trata de personas con ingresos que, después de pagar el alquiler o la hipoteca más los gastos asociados, caen bajo el umbral de pobreza. Los números son contundentes: uno de cada tres hogares jóvenes y más de la mitad de las familias inmigrantes terminan en esta situación.
Aunque globalmente solo el 9% de los hogares dedica más del 40% de sus ingresos a la vivienda, en los colectivos jóvenes sube al 19,6% y en los inmigrantes al 25,8%. La diferencia es brutal. La tasa general de pobreza es del 19,5%, pero si restas lo que gastan en vivienda, se dispara al 23%. Entre jóvenes pasa del 24,5% al 32,9%. Entre inmigrantes, del 44,7% al 52,3%.
¿Por qué ocurre esto? Porque buena parte de estos colectivos vive en alquiler. El 45% de la población joven y el 63% de la inmigrante. El alquiler es más accesible en entrada —no requiere ahorros previos ni una hipoteca—, pero es vulnerable a los movimientos del mercado y consume una proporción mayor de ingresos mensuales.
La escasez que alimenta los precios
Entre 2021 y 2025 se han construido 454.000 viviendas nuevas. En el mismo periodo se han creado 965.000 hogares. La diferencia es clara: se ha edificado solo el 45% de lo necesario. Esto genera una escasez acumulada que presiona los precios hacia arriba, tanto en compra como en alquiler.
El problema se concentra donde más demanda hay: Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía. Dentro de ellas, especialmente en las capitales y áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Málaga, donde se concentra el empleo y los servicios que atraen tanto a jóvenes como a migrantes.
Qué debes saber si alquilas o compras
- Una vivienda no debería consumir más del 30% de tus ingresos. Si supera esa cifra, tienes un problema estructural.
- Si estás buscando, ten en cuenta que los precios seguirán bajo presión mientras la oferta sea insuficiente.
- La falta de vivienda pública en alquiler deja sin opciones a quien no puede permitirse el mercado privado.
- Los inmigrantes sin patrimonio familiar y los jóvenes sin ahorros previos tienen menos opciones que otros grupos; el alquiler es a menudo su única salida, pero la más cara en proporción a ingresos.
El problema no es que la vivienda sea cara. Es que los ingresos son bajos para los que menos margen tienen. Y mientras la oferta no alcance la demanda, los precios seguirán apretando a esos colectivos hacia la pobreza.
Fuente original: www.elperiodico.com
