Un robot monorueda para vigilancia: innovación tecnológica con obstáculos legales
La startup estonia Rollo Robotics acaba de presentar el 1Rollo, un prototipo de robot de seguridad que funciona sobre una única rueda de 60 centímetros de diámetro. Se trata de una propuesta radicalmente diferente a lo que hay en el mercado: pesa 45 kilos, mide 110 centímetros y alcanza velocidades de 30 km/h. La compañía plantea ofrecerlo como servicio de suscripción, a un coste diez veces inferior al de un vigilante humano.
Lo verdaderamente disruptivo es el diseño de una sola rueda. Los robots de vigilancia que circulan hoy —como el K5 estadounidense, el más común— se apoyan en cuatro ruedas, orugas o patas y pesan cerca de 180 kilos. El 1Rollo, al ser una cuarta parte más ligero, cabe por pasillos estrechos donde otros sistemas quedan atrapados. La estabilidad se mantiene gracias a un volante de inercia: un disco pesado que gira a alta velocidad dentro del chasis y genera un efecto giroscópico que previene la caída. Para virar, el robot inclina ese disco hacia un lado e inclina el cuerpo en la curva, como haría una moto.
En cuanto a navegación, el robot combina visión artificial de 360 grados con posicionamiento satélite corregido mediante RTK, una técnica que afina la precisión hasta centímetros. Sigue un mapa predefinido, detecta obstáculos y, cuando identifica algo irregular, avisa a un operador remoto que decide si enviar un vigilante real o comunicarse directamente a través de altavoz.
Donde la tecnología choca con la ley
Aquí aparece el primer problema serio. La Ley 5/2014 de Seguridad Privada define la videovigilancia como cualquier vigilancia mediante cámaras fijas o móviles. Cuando la intención es prevenir delitos o impedir accesos no autorizados, el servicio debe ejecutarlo un vigilante de seguridad titulado. El 1Rollo, tal como funciona, podría incumplir esto: aunque dispone de un operador humano detrás, es el robot quien patrulla, quien detecta y quien toma la iniciativa de alertar. La pregunta es si eso configura un servicio de vigilancia que requiere supervisor habilitado en el lugar.
El mercado es jugoso. La vigilancia privada en España movió 2.863 millones de euros en 2023, según Aproser, y el sector industrial y energético —donde apunta el 1Rollo— representa el 16,6% de ese volumen. Hoy trabajan casi 90.000 vigilantes, con edad media de 49 años.
Rollo Robotics se fundó hace poco, ha conseguido 3,7 millones en financiación y prevé comercializar el robot en 2027 bajo modelo de suscripción. De momento, no hay despliegues reales en funcionamiento ni datos públicos sobre su rendimiento en terrenos irregulares o sobre falsos positivos. El primer destino serán naves industriales, centros de datos y campus privados: espacios cerrados donde el robot no circula por vía pública.
