Cómo la tecnología transforma la vigilancia de los montes
La prevención de incendios forestales en Castilla y León está incorporando herramientas digitales que cambian el enfoque tradicional de la vigilancia. Sensores, imágenes de satélite, inteligencia artificial y sistemas de análisis de datos masivos se utilizan ahora para detectar riesgos antes de que se conviertan en emergencias. El Centro Tecnológico CARTIF lidera varios proyectos europeos y nacionales con este objetivo: RetechFOR, TREEADS, HARMONY y FIREPOCTEP.
El principal desafío que afronta esta región es la pura geografía. Castilla y León ocupa unos 94.000 kilómetros cuadrados, la mayor superficie de cualquier comunidad autónoma en España. A eso se suma una baja densidad de población y el abandono progresivo de zonas rurales. La consecuencia es que buena parte de la vegetación y la biomasa forestal quedan sin gestionar, lo que aumenta el riesgo ante el fuego. La digitalización permite ampliar la vigilancia sobre territorios tan extensos: los sistemas analizan imágenes, identifican cambios en la vegetación y proporcionan información actualizada a quienes toman decisiones sobre la gestión forestal.
RetechFOR ilustra bien cómo funciona este modelo. Impulsado por la Junta de Castilla y León y financiado con fondos europeos Next Generation EU, el proyecto combina inteligencia artificial, datos de calidad e imágenes de satélite para mostrar el estado actual de los montes. El sistema es capaz de detectar situaciones que requieren intervención: por ejemplo, alertar si un cortafuegos ha acumulado demasiada vegetación y necesita mantenimiento urgente. De este modo, los técnicos pueden priorizar dónde y cuándo trabajar.
Otro enfoque relevante es el que desarrolla HARMONY, un proyecto europeo que aborda un problema específico de Castilla y León: la frontera con Portugal. Los incendios no entienden de límites administrativos, así que la herramienta que se está creando integra predicciones climáticas, inteligencia artificial y sistemas de información geográfica para que los equipos de emergencia de ambos países dispongan de una visión compartida de la situación. El sistema está diseñado para las tres fases clave: prevención, preparación y recuperación. Además, permite simular escenarios: cómo evolucionaría un incendio, cómo las actuaciones sobre la vegetación podrían frenar su propagación, o cuál es la ruta más rápida para que los medios de extinción lleguen.
Un aspecto importante que a menudo se pasa por alto: esta tecnología no sustituye a los profesionales. Su función es darles más información para decidir mejor. Los datos son materia prima; los expertos en el terreno son quienes interpretan y actúan.
Tampoco la tecnología reemplaza métodos tradicionales. FIREPOCTEP, otro proyecto de cooperación hispano-lusa, desarrolló planes agrosilvopastorales que combinan usos agrícolas, ganaderos y forestales para reducir la biomasa disponible y, con ello, la intensidad potencial de los incendios. Lo digital y lo analógico avanzan juntos.
