La responsabilidad de los errores en IA sanitaria: quién responde y cómo protegerse
La inteligencia artificial llegó a los hospitales y centros sanitarios para quedarse. Análisis de imágenes, resúmenes clínicos automáticos, predicciones de riesgos: cada vez hay más procesos asistenciales donde intervienen algoritmos. Pero cuando un sistema se equivoca, ¿quién asume las consecuencias?
Esta es la pregunta que responde la nueva guía que acaba de elaborar la Secretaría General de Salud Digital, Información e Innovación del Sistema Nacional de Salud. Y la respuesta es clara: la IA no tiene personalidad jurídica. Es decir, no puedes demandar a un algoritmo ni responsabilizar legalmente a un ordenador.
Lo importante es esto: la responsabilidad recae en el profesional sanitario, en la institución donde trabaja, o en el fabricante o proveedor del sistema si hay un fallo técnico demostrado. Según la situación concreta, una o varias de estas partes pueden responder. Pero aquí está la clave que todo sanitario debe entender: usar IA como herramienta no te libera de tu responsabilidad clínica. De hecho, la intensifica.
Qué debes hacer si usas IA en tu consulta
- Conoce las limitaciones de la herramienta que utilizas. No es infalible.
- Revisa siempre los resultados antes de actuar. Contrasta con la evidencia científica disponible.
- Si el algoritmo contradice tu criterio médico o los datos científicos que conoces, prioriza la seguridad del paciente. Documental esta discrepancia.
- Justifica tus decisiones. Si un juez o un colegio profesional te lo pregunta, tienes que poder explicar por qué seguiste o rechazaste lo que la IA te recomendaba.
- No introduzcas datos personales o clínicos identificables en plataformas que no estén autorizadas para uso sanitario o que no garanticen protección de datos.
El error más común es pensar que porque existe una herramienta tecnológica que procesa información, tú puedes delegar completamente la decisión. Eso es exactamente lo contrario de lo que debe ocurrir. La IA es un apoyo, un asistente. La decisión clínica sigue siendo tuya.
¿Por qué es tan importante esto? Porque la guía lo aclara de manera explícita: cuando algo sale mal, la responsabilidad no desaparece. Se mantiene donde siempre estuvo: en el profesional sanitario. El médico, enfermero o especialista que utiliza la herramienta es quien supervisa, quien valida, quien elige. Por eso debe conocer exactamente qué hace la IA, cuáles son sus límites y en qué casos puede fallar.
La formación de los profesionales es, de hecho, uno de los pilares de la guía. No es suficiente tener una herramienta moderna. Quien la utiliza debe entender cómo funciona, qué garantías ofrece y cuándo no debe confiarse en ella.
En la práctica inmobiliaria y jurídica ocurre algo parecido cuando incorporamos tecnología en nuestros procesos: la herramienta nos ayuda a ser más rápidos y a no perder detalles, pero la responsabilidad de la recomendación legal o de la decisión sobre una transacción sigue siendo profesional. Así debe ser en sanidad también.
