El teleférico que cruza las cataratas del Niágara sigue funcionando después de más de un siglo sin registrar un solo accidente. Pocos saben que detrás de esta hazaña de la ingeniería está Leonardo Torres Quevedo, un inventor cántabro cuya obra abarcó campos tan diversos que los franceses ya lo situaban en 1930 al nivel de Graham Bell, Nikola Tesla o Thomas Alva Edison.
Torres Quevedo no inventó el teleférico sobre las cataratas por casualidad. Diez años antes había construido el primer transbordador aéreo diseñado específicamente para transportar personas, instalado en el Monte Ulía de San Sebastián. Ese proyecto marcó un punto de inflexión: demostró que el transporte por cable podía ser seguro y funcional, lo que motivó que otros países replicaran el sistema en sus territorios.
Más allá del cable: dirigibles, máquinas de calcular e inteligencia artificial
Lo interesante es que Torres Quevedo no se conformó con dominar una rama de la ingeniería. Sus trabajos abarcaron campos completamente distintos. Diseñó los primeros dirigibles verdaderamente seguros de la historia, superando el problema más grave de los zeppelines alemanes: la combustión accidental. Sus dirigibles ganaron tal reconocimiento que fueron utilizados para contrarrestar la amenaza de los submarinos alemanes durante la Primera Guerra Mundial.
Pero hay más. Torres Quevedo fabricó en 1912 lo que muchos consideran el primer videojuego de la historia: un ajedrecista autómata capaz de jugar. Años antes había creado la primera calculadora moderna, con teclado, memoria, procesador y impresora integrados. Eran máquinas dotadas de lógica propia, capaces de ejecutar instrucciones complejas sin intervención humana.
Estos inventos permiten entender por qué hoy se lo considera el abuelo de la inteligencia artificial. Torres Quevedo desarrolló máquinas que tomaban decisiones, procesaban información y respondían de forma automática. Conceptos que en su época sonaban a ciencia ficción.
Todo esto lo realizaba en el valle cántabro de Iguña, donde se conserva su museo-taller. Un lugar donde puedes entender cómo un mismo cerebro fue capaz de resolver problemas en transporte, aeronáutica, automatización y computación.
Para quien trabaja en proyectos actuales de tecnología o transformación digital, los inventos de Torres Quevedo son un recordatorio: la innovación verdadera no entiende de límites entre disciplinas. Un mismo principio puede aplicarse en contextos completamente distintos si entiendes la mecánica profunda del problema.
