A sus 23 años, Ariadna Álvarez ya puede decir que ha alcanzado uno de los principales objetivos de cualquier aspirante a docente: conseguir una plaza fija. La joven de Salceda de Caselas obtuvo la mejor calificación en las oposiciones de la especialidad de Música para Educación Primaria y comenzará a trabajar el próximo 1 de septiembre en el CEIP Plurilingüe Pena de Francia, en Mos, muy cerca de su localidad natal.
«Ahora ya tengo plaza fija para toda la vida, que realmente es lo que buscas», explica todavía emocionada por un resultado que llegó después de meses de estudio, sacrificios y muchas horas encerrada preparando las pruebas. Su éxito tiene todavía más mérito porque decidió presentarse a las oposiciones nada más terminar la carrera, sin dedicar varios años a acumular cursos, idiomas u otros méritos para aumentar su puntuación en el baremo.
«Al acabar siempre te planteas qué puedes hacer para subir puntos, pero yo dije que iba directamente a por las oposiciones. Sabía que, con una nota alta, podía conseguir la plaza aunque no tuviese apenas baremo», recuerda.
Álvarez cursó el grado de Educación Primaria en Santiago de Compostela, donde durante los dos últimos años realizó la mención en Música y orientó también sus prácticas hacia esta especialidad. La elección de la ciudad estuvo vinculada desde el principio a su formación musical, pues quería continuar sus estudios en el conservatorio compostelano.
Su relación con la música había comenzado mucho antes. Estudió durante seis años en Salceda y posteriormente completó otros tres cursos profesionales en Santiago. Su instrumento es el saxofón, que también utilizó durante el proceso selectivo.
La primera fase de las oposiciones incluía varias pruebas repartidas entre la mañana y la tarde. Entre ellas figuraban el desarrollo de un tema, un ejercicio práctico y una interpretación a primera vista, para la que los aspirantes podían tocar un instrumento o cantar.
«Me tocó un tema que sabía muy bien y el práctico también me había salido bien. Cuando terminé pensé que podía haber conseguido una buena nota», señala. El resultado, un 8,3, confirmó sus sensaciones y le permitió pasar a la segunda fase, en la que volvió a obtener una de las calificaciones más elevadas, un 9,7, hasta alcanzar la mejor media de su especialidad.
La joven comenzó a prepararse en una academia de Santiago. Los primeros meses estuvieron marcados por las dudas y por la comparación con otros aspirantes que llevaban varios años intentándolo.
«Al principio piensas que es imposible sacarlas en un año porque te comparas con personas que llevan mucho tiempo preparándose y que ya saben cómo funciona todo», admite. Sin embargo, los buenos resultados durante la preparación y el respaldo de su profesora le dieron confianza para incrementar progresivamente el número de horas de estudio.
Ariadna define las oposiciones como «una carrera de fondo» en la que se suceden momentos de entusiasmo y etapas de desánimo. «Hay días en los que dices que ya queda menos, pero también otros en los que piensas que llevas dos semanas encerrada y que te estás perdiendo un montón de cosas», relata.
Su objetivo era llegar al examen con la tranquilidad de haber hecho todo lo posible. «Yo decía que lo iba a dar todo, que iba a estudiar todo lo que pudiese y que, si no conseguía la plaza, no sería porque no lo hubiese intentado», afirma.
La publicación de la nota definitiva la sorprendió en un escenario especialmente simbólico. Ariadna estaba participando en un concierto en Salceda con sus compañeros de la Banda Cultural de Música de Salceda cuando consultó el resultado.
«Estaba temblando. Abrí la nota allí, con mis compañeros de la banda, y lo celebré con ellos. Después llamé directamente a mi familia», recuerda.
La alegría fue todavía mayor cuando conoció su primer destino. A partir de septiembre será profesora de Música en el CEIP Plurilingüe Pena de Francia, en Mos, por lo que podrá continuar viviendo cerca de Salceda.
Aunque durante la carrera realizó prácticas docentes, reconoce que el inicio del curso le provoca cierta inquietud. «Sé dar clase, pero todavía no conozco el funcionamiento real de un centro. Estoy nerviosa, aunque espero que los compañeros me vayan explicando todo», comenta.
Su labor estará centrada exclusivamente en la enseñanza musical a alumnado de Primaria. Una especialidad que reúne las dos grandes vocaciones que la han acompañado durante los últimos años: la música y la educación.
Al margen de su formación académica, Ariadna Álvarez ha desarrollado también una trayectoria como modelo. Comenzó hace seis o siete años después de participar en un desfile al que llegó animada por una prima. A partir de esa primera experiencia, empezó a recibir propuestas de fotógrafos y a realizar colaboraciones.
Con el paso del tiempo, la actividad se profesionalizó y actualmente participa en trabajos remunerados, especialmente relacionados con la moda, la fotografía editorial y la publicidad. «Es mi segunda pasión, junto con la música y la enseñanza», asegura.
En 2024 obtuvo el título de Miss Grand Costa Gallega y participó en el certamen nacional. Aunque ya ha dejado atrás los concursos de belleza, continúa vinculada a los desfiles, las sesiones fotográficas y las campañas publicitarias.
Ariadna rechaza que inteligencia y belleza deban presentarse como conceptos enfrentados. Para ella, la clave está en el esfuerzo y en la seguridad personal. «La belleza también se trabaja. No se trata de considerarse una persona guapísima, sino de tener confianza en ti misma, descubrir lo que te favorece y trabajar poco a poco», sostiene.
Esa misma constancia que aplicó ante la cámara fue la que trasladó a los apuntes y al saxofón. Ahora, con la mejor nota de su especialidad y una plaza fija recién estrenada, Ariadna cambia las horas de estudio por su primera clase como profesora.
