Cuándo la deuda baja no es una buena noticia
Que la mitad más pobre de la población española reduzca su endeudamiento suena bien en abstracto. Pero los datos del Banco Central Europeo y del Banco de España revelan algo inquietante: ese descenso no refleja una mejora económica, sino todo lo contrario. La mitad menos rica ha pasado de acumular el 53% de la deuda de los hogares al 35% en diez años, simplemente porque ya no le queda dinero para intentar comprar vivienda.
El cambio es radical. Donde antes había familias endeudándose para acceder a una propiedad, ahora hay directamente renuncia. Los precios de la vivienda se han multiplicado, la entrada inicial es imposible de reunir, y la única opción que queda es el alquiler. Que también se ha encarecido de forma considerable. En ambos casos, el dinero se va igual; la diferencia es que en uno acumulas patrimonio y en el otro no.
La riqueza sigue en las mismas manos
Esta reducción de deuda tampoco ha redistribuido la riqueza. A finales de 2025, el 50% de los hogares con menos patrimonio posee apenas el 9% de la riqueza total. El 10% más rico, mientras tanto, controla el 53%. La foto, como señalan desde el Banco de España, se mantiene constante. Nada ha cambiado.
Hay además una diferencia brutal en cómo está compuesto ese patrimonio. Los hogares pobres tienen casi todo en vivienda. Los ricos diversifican: acciones cotizadas, fondos de inversión, otros activos financieros. De hecho, el 10% más rico acumula más del 80% de toda la riqueza en valores y fondos. Esto significa que mientras unos dependen de un único activo (la casa), otros generan rentabilidad de múltiples fuentes.
Un tercio del presupuesto se evaporó en vivienda
Según el Instituto Nacional de Estadística, una familia española gastó en 2025 una media de 35.101 euros. De esos euros, uno de cada tres —el 33,2%— se fue en vivienda, agua, luz, gas y combustibles. Pero la cifra es engañosa porque oculta enormes diferencias.
En los hogares con menor capacidad de gasto, la vivienda devora cuatro de cada diez euros. En los de mayor poder adquisitivo, apenas el 28,9%. Es decir: la vivienda no es un gasto equitativo. Golpea mucho más a quien menos tiene.
Los gastos en vivienda y servicios relacionados se encarecieron un 5,8% en el último año, hasta alcanzar 11.665 euros anuales. Cuando subes vivienda, alimentación y transporte, el total es el 60% del presupuesto familiar. Queda muy poco margen para ahorrar, invertir, o simplemente respirar económicamente.
Si te encuentras en esta situación, lo primero es hacer un análisis honesto de tu capacidad real de acceso a la propiedad. Hay opciones que a menudo se desconocen: financiación alternativa, análisis de tu solvencia real, revisión de condiciones si ya tienes deuda. Vale la pena explorarlas antes de resignarse.
Fuente original: elmundo.es
