La acumulación de vivienda como problema de distribución
Un proyecto de investigación internacional financiado por la UE estudiará durante los próximos cuatro años la crisis de la vivienda y sus efectos en la desigualdad social. El equipo multidisciplinar, que incluye universidades europeas y americanas, analizará cómo funcionan los mecanismos de extracción de rentas en el mercado inmobiliario, las desigualdades urbanas que genera y qué políticas públicas podrían revertir la situación.
El debate sobre el problema de la vivienda suele centrarse en la falta de oferta. Sin embargo, la raíz está en cómo se distribuye lo que existe. Cuando hay suficientes viviendas pero están concentradas en pocas manos, el resultado es el mismo que si no las hubiera: las familias jóvenes quedan fuera del mercado. Los inversores y multipropietarios, que cuentan con patrimonio significativo, compiten con las personas trabajadoras por las mismas viviendas. Y cuando alguien tiene capital, siempre gana frente a quien depende de su salario.
Este fenómeno se intensifica porque la vivienda genera rentabilidad. Quien ya posee un inmueble tiene incentivos para comprar otro, reinvirtiendo el dinero que obtiene del alquiler en ampliar su cartera. Así, la riqueza no solo es desigual, sino que tiende a concentrarse cada vez más. Mientras tanto, los ingresos del trabajo se destinan a pagar rentas a esos propietarios.
El problema fiscal invertido
Uno de los errores de política pública es cómo se gravan estas actividades. Actualmente, quien trabaja por cuenta ajena paga más impuestos que quien acumula viviendas. Existen incluso bonificaciones para propietarios. Esto es contradictorio: se penaliza el trabajo y se premia la concentración de activos inmobiliarios.
Un posible remedio sería gravar la compra de segunda vivienda, es decir, penalizar fiscalmente a quien ya posee un inmueble y quiere comprar otro. Países como Francia estudian actualmente el llamado impuesto Zucman, una propuesta de gravar con un 2% anual el patrimonio de los ultrarricos. La lógica es frenar la acumulación agresiva de activos.
Las consecuencias democráticas
La estabilidad de las democracias europeas tras la Segunda Guerra Mundial se construyó sobre una base material: acceso a servicios universales y vivienda propia para la clase media. Si esa clase media se empobrece porque no puede acceder a una vivienda, la legitimidad del sistema democrático se erosiona. Y efectivamente, cada vez más jóvenes consideran que sistemas autoritarios podrían ofrecerles mejor calidad de vida que las democracias que les están fallando en lo material.
Las fuerzas políticas progresistas perdieron claridad en sus mensajes sobre este problema mientras la ultraderecha simplificaba el debate culpando a la inmigración. Sin una propuesta clara y una hoja de ruta convincente sobre cómo resolver el acceso a la vivienda, el espacio político se radicaliza.
La acumulación de vivienda no es solo un asunto económico. Es una cuestión que afecta directamente a cómo funciona la democracia y a quién puede vivir en ella con dignidad.
Fuente original: www.elperiodico.com
