La carrera por la inteligencia artificial va más allá de la tecnología
Cuando hablamos de inteligencia artificial, tendemos a pensar en modelos más potentes, en aplicaciones más sofisticadas, en chatbots que contestan mejor. Pero ese debate está quedando atrás. Lo que realmente importa ahora es quién controla todo lo que está debajo: la infraestructura, los centros de datos, los chips, las plataformas. Es decir, las capas que sustentan la economía digital de los próximos años.
Los números ilustran bien el desequilibrio actual. Europa concentra apenas el 6% de la capacidad mundial de inteligencia artificial, mientras que Estados Unidos acumula el 70%. No se trata solo de un rezago tecnológico. La brecha tiene dimensiones económicas y geopolíticas que van mucho más allá.
En España, la economía digital representa ya el 27% del PIB. Eso significa que quién controle esa infraestructura tendrá poder decisivo sobre cómo funcionará el negocio en los próximos años. Desde dónde se procesan los datos hasta qué plataformas se usan para operar.
La Unión Europea intenta regular todo esto con el AI Act, la primera ley integral sobre inteligencia artificial en el mundo. Pero mientras Europa debate normas, Estados Unidos concentra capacidad y China acelera inversiones públicas y privadas. El riesgo no es solo perder en innovación. Es terminar dependiendo de infraestructura ajena para manejar tu propio negocio.
Dónde puede competir Europa
Pero hay espacio para que Europa encuentre su posición. No necesariamente compitiendo de frente con gigantes estadounidenses, sino desarrollando soluciones especializadas para sectores concretos: sanidad, turismo, industria, administración pública. Esos mercados demandan inteligencia artificial adaptada a sus necesidades específicas, no solo herramientas genéricas.
El cambio también afecta al empleo. Las empresas demandarán cada vez más perfiles capaces de supervisar, entrenar y coordinar herramientas automatizadas. Las tareas repetitivas desaparecerán. En cambio, ganarán peso la creatividad, la adaptación, las habilidades sociales. Diferenciarse será clave para mantener tu valor en el mercado.
Las administraciones públicas europeas también están acelerando inversiones en inteligencia artificial. No solo por productividad, sino para modernizar servicios y evitar depender demasiado de plataformas extranjeras.
La pregunta que hay que hacerse es clara: ¿conseguirá Europa construir un ecosistema propio, o terminará siendo inquilina de infraestructura controlada desde fuera? La respuesta dependerá de decisiones que se tomen ahora sobre dónde invertir, qué regular y cómo hacerlo.
Fuente original: www.elperiodico.com
