La IA en la producción audiovisual: más herramientas, más responsabilidad
Circula desde hace años una cifra que atrae mucha atención: el 90% del contenido de vídeo online será generado, modificado o producido con inteligencia artificial en los próximos años. Antes de asumirla como un dato comprobado, conviene entender de dónde viene y qué significa realmente.
Esa proyección tiene su origen en un informe de 2022 del Europol Innovation Lab sobre deepfakes y contenidos sintéticos. No es un estudio estadístico que haya medido empíricamente qué porcentaje de vídeos serán artificiales, sino una estimación sobre la evolución de internet. Además, cuando se menciona el 90%, la mayoría de referencias hablan del conjunto de contenidos digitales —textos, imágenes, audios y vídeos—, no solo de vídeo. Y aquí está lo importante: decir que un contenido está «creado con IA» no significa que una máquina lo haya generado entero de la nada.
La realidad es más matizada. La inteligencia artificial ya participa en casi todas las fases del trabajo audiovisual:
- En preproducción: investigación, documentación, desarrollo de argumentos, storyboards.
- Durante la grabación: fondos virtuales, modificación de interpretaciones, voces sintéticas.
- En postproducción: subtítulos automáticos, limpieza de audio, adaptación a distintos formatos e idiomas.
Lo que está cambiando es que estas herramientas se integran en el flujo ordinario del trabajo, no que sustituyan a los equipos humanos.
Lo que esto significa para ti como productor o creador
La integración de IA bajará las barreras de entrada. Operaciones que antes exigían tiempo, equipamiento especializado y presupuesto se harán más rápidas y accesibles. Eso es una oportunidad para productoras pequeñas y creadores independientes. Pero tiene una contrapartida: si es más fácil producir, habrá mucho más contenido compitiendo por la atención del público.
En un entorno saturado de imágenes técnicamente correctas, tu valor no estará en la perfección visual. Estará en lo que la automatización no copia bien: tu mirada, tu criterio, tu conocimiento del público, tu voz reconocible como autor.
La IA automatizará las tareas repetitivas. Tú tendrás que supervisar sus resultados, detectar errores, verificar fuentes y decidir qué merece publicarse. Saber rechazar una propuesta mediocre será tan importante como saber generarla.
El tema que nadie debe ignorar: la responsabilidad legal
Aquí es donde entra en juego la parte que un despacho no puede pasar por alto. A medida que crezca el contenido sintético, surgirán preguntas que afectan directamente a tu negocio:
- ¿Quién posee los materiales que genera la IA?
- ¿Qué derechos tienes sobre las imágenes, voces y datos usados para entrenar el sistema?
- ¿Cuándo debe informarse al espectador de que algo es artificial?
- ¿Qué registro debes mantener de las transformaciones que haces con IA?
En publicidad, documentales e información, la transparencia puede llegar a ser obligatoria. Los deepfakes crean problemas reales: desinformación, fraude, suplantación de identidad. Conservar archivos originales, autorizaciones, licencias y un registro de cada transformación no es solo buena práctica. Puede ser tu mejor defensa.
Las empresas que sacarán verdadera ventaja no serán las que generen más contenido, sino las que controlen bien estas herramientas, mantengan la supervisión humana y sean capaces de demostrar qué hay detrás de cada pieza. En un internet lleno de imágenes sintéticas, la autoría y la credibilidad pueden valer más que nunca.
