Cuando la prohibición no se aplica a quien la decreta
El Concello de Lugo ha abierto un concurso para elegir el cartel de las fiestas de San Froilán. Las bases son claras: está prohibido utilizar inteligencia artificial en los diseños que se presenten. El problema es que el propio anuncio del concurso viene acompañado de una imagen generada con IA.
La contradicción no pasó desapercibida. Iván Mouronte, ilustrador que diseñó el cartel del año anterior, lo denunció públicamente señalando la incoherencia: el Concello prohíbe a los participantes lo que él mismo hace en la comunicación oficial del concurso. La imagen que acompaña la convocatoria fue elaborada con inteligencia artificial, lo que supone un mensaje confuso hacia el sector creativo local.
Mouronte añade otra capa de crítica. Según explica, la imagen generada por IA no solo incumple la norma que el propio Concello establece, sino que además recrea elementos de carteles históricos de San Froilán, incluyendo referencias visuales del cartel de 1906. Para un profesional del sector, esto representa una falta de respeto tanto a las normas como al trabajo manual e intelectual de ilustradores y diseñadores.
La situación refleja un problema más amplio en la administración pública: la falta de coherencia entre lo que se ordena y lo que se practica. Cuando una institución pública establece restricciones sobre una tecnología pero luego la utiliza en su propia comunicación, el mensaje que envía es contradictorio y erosiona la credibilidad de la norma. Especialmente en el ámbito cultural, donde la administración debería ser guardiana de los profesionales locales.
Desde la oposición, el BNG ha pedido la retirada del concurso. Su portavoz señala que la imagen generada por IA contiene errores característicos de este tipo de herramientas, como malinterpretaciones visuales de los elementos históricos que intenta reproducir. También apunta que el uso de inteligencia artificial en comunicaciones municipales es habitual en la actual gestión, reduciendo la calidad de publicaciones culturales relevantes.
Este caso es un recordatorio de algo fundamental: las normas sobre tecnología tienen más peso cuando quién las establece las respeta. Antes de prohibir algo a otros, conviene preguntarse si tú mismo estás dispuesto a acatarlo.
