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El Cermi pide acelerar la inclusión laboral y reclama una inteligencia artificial “ética, regulada y libre de sesgos” hacia la discapacidad

El Cermi pide acelerar la inclusión laboral y reclama una inteligencia artificial “ética, regulada y libre de sesgos” hacia la discapacidad

Inteligencia artificial: oportunidad y riesgo para la inclusión laboral

El empleo de personas con discapacidad ha alcanzado máximos históricos según el INE, lo que evidencia que las políticas de inclusión funcionan. Pero hay un problema: el avance sigue siendo lento. Mantener el ritmo actual significaría esperar unos 40 años para equiparar las tasas de empleo entre la población con discapacidad y sin ella. Mientras tanto, cerca del 40% de la población activa con discapacidad continúa fuera del mercado laboral.

Este es el contexto en el que emerge un debate crucial: cómo impactará la inteligencia artificial en todo esto. Y aquí es donde conviene que entiendas bien qué está en juego.

La tecnología puede ser una aliada poderosa. Los algoritmos y sistemas automáticos tienen potencial para compensar limitaciones funcionales, abrir oportunidades en el empleo, la educación y la comunicación, y permitir una participación más plena. Eso es lo positivo. El riesgo, sin embargo, es igual de real: la mayoría de sistemas de inteligencia artificial se entrenan con datos históricos que han ignorado o han representado con estereotipos a las personas con discapacidad. Cuando un algoritmo aprende de esa información sesgada, replica automáticamente las mismas desigualdades.

No es un detalle menor. Un sistema de selección de personal basado en IA que se entrene con datos históricos de discriminación labororal acabará discriminando de forma automática y a escala. Lo que fue un prejuicio humano se convierte en norma algorítmica, más difícil aún de cuestionar porque parece objetiva.

Qué debes vigilar

  • Cualquier tecnología que se aplique en procesos de selección, evaluación o acceso a servicios debe explicar cómo se han incluido datos sobre discapacidad y cómo se han evitado los sesgos.
  • La participación de personas con discapacidad en el diseño de soluciones tecnológicas no es un gesto de inclusión: es una necesidad técnica. Si no están en la sala desde el principio, el resultado será deficiente.
  • La regulación importa. La Unión Europea ya tiene normas específicas sobre IA, y ese marco seguirá evolucionando. Entender qué exige es fundamental para cualquier organización que use estos sistemas.

El reto es claro: acelerar la inclusión laboral sin que la tecnología que debería facilitarla termine reproduciéndola. Para eso hace falta que la IA sea ética desde su diseño, esté regulada adecuadamente, y que quienes sufren la discriminación tengan voz en cómo se previene. Sin eso, corremos el riesgo de automatizar los mismos problemas que llevamos décadas intentando resolver.

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