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Catalunya presenta una nueva guía para gestionar el uso de la inteligencia artificial en las aulas sin perder

Catalunya presenta una nueva guía para gestionar el uso de la inteligencia artificial en las aulas sin perder

Seis niveles para usar inteligencia artificial en clase sin perder el control

Cuando la inteligencia artificial entra en el aula, la pregunta no es si usarla o no. Es cómo hacerlo sin que el estudiante pierda responsabilidad sobre su propio aprendizaje. La Fundació Escola Cristiana de Catalunya ha presentado un marco de trabajo llamado Escala IRIS que intenta responder exactamente esto.

El modelo divide el uso de la IA en seis niveles, desde no utilizarla en absoluto hasta permitir que la máquina genere contenido bajo supervisión humana. La idea no es jerarquizar las herramientas tecnológicas, sino dejar claro en cada momento quién es responsable de qué. Porque aquí está el quid: la autoría y el criterio de las personas debe estar siempre presente, sin excepciones.

Los creadores de esta guía parten de una premisa importante. La inteligencia artificial no es neutral. Por eso tanto docentes como estudiantes tienen obligaciones claras.

Qué tiene que hacer cada uno

El alumno debe pasar de ser pasivo a actuar con pensamiento crítico. Esto significa que cuando usa IA, tiene que ser capaz de explicitar cuál ha sido su papel. Mejor aún: debe dejar escrito qué nivel IRIS ha utilizado en cada tarea y qué ha hecho la máquina exactamente.

Los seis niveles son:

  • Nivel 0: sin IA
  • Nivel 1: IA que corrige
  • Nivel 2: IA que inspira
  • Nivel 3: IA que genera contenido
  • Nivel 4: IA que cocrea junto al estudiante
  • Nivel 5: IA que produce, supervisada por humanos

A medida que subes de nivel, tu responsabilidad crece. Si la IA genera un borrador, tú debes reescribirlo con tu propia voz, eliminar lo genérico y asegurarte de que refleja tu criterio. No es suficiente con copiar y pegar.

El docente, por su parte, actúa como garante. Decide cuándo, cómo y para qué se usa la IA, y a veces la mejor decisión educativa es precisamente no usarla. Si la emplea para crear exámenes o materiales, debe supervisar que no se distorsione la intención pedagógica ni se altere la dificultad del currículum. Y aquí va algo fundamental: más allá de la nota o el trabajo entregado, el profesor debe evaluar el proceso mental. Eso significa preguntar al estudiante si entiende lo que ha presentado y si es capaz de explicarlo de viva voz.

Esto que parece obvio se olvida con facilidad. Muchas instituciones ven la IA como una herramienta para producir más rápido, sin pensar en lo que se pierde en el camino. La Escala IRIS propone exactamente lo contrario: usar la tecnología pero sin delegar la responsabilidad intelectual. El aprendizaje sigue siendo responsabilidad del que aprende.

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