Las oposiciones a notario: qué debes saber si te lo planteas
Andrés Outeiriño ha aprobado las oposiciones a notario en su primera convocatoria tras tres años y cuatro meses de preparación. Un resultado fuera de lo común, considerando que los candidatos invierten de media unos cinco años en conseguirlo. Su experiencia ilustra tanto la intensidad del proceso como algunos mitos que rodean a estas oposiciones.
El proceso selectivo consta de cuatro exámenes consecutivos. Los dos primeros son orales: uno cubre Derecho Civil y Derecho Fiscal, mientras que el segundo abarca Mercantil, Hipotecario, Notarial y Procesal o Administrativo. Ambos requieren exponer aproximadamente una hora de temas aprendidos de memoria. El tercero es práctico, con una duración de seis horas, y el cuarto combina la redacción de una escritura pública con ejercicios de matemáticas financieras. Un detalle importante: si suspendes cualquiera de ellos, tienes que volver a empezar desde el primero en la siguiente convocatoria.
La rutina durante la preparación es exigente. Outeiriño estudiaba nueve horas diarias de lunes a sábado, divididas en dos bloques: mañana y tarde, con descanso entre medias. Pero aquí conviene aclarar un prejuicio frecuente: no es imprescindible aislarse completamente del mundo. Él mantenía contacto con familia, amigos y pareja, aunque sacrificaba viajes largos y planes que requirieran prolongadas ausencias. Los viernes no podían terminar tarde porque el sábado seguía siendo día de estudio.
Un elemento característico de estas oposiciones es el «cante»: ensayar ante un preparador los temas completos, recitados de memoria, exactamente como deberás hacerlo en el examen. El preparador cronometra tu exposición y elige al azar cuál expones. Este ejercicio se repite semana tras semana durante años.
Qué debes valorar antes de optar
- El dominio del temario va mucho más allá de comprenderlo: necesitas memorizarlo y controlarlo con precisión. No solo por la literalidad que el tribunal exige, sino para gestionar correctamente el tiempo en las pruebas orales.
- La organización personal es determinante. Outeiriño reconoce que su éxito dependió de una rutina casi milimétrica, donde hasta el orden de los bolígrafos importaba. Si eres menos meticuloso, deberás desarrollar esa habilidad.
- El fracaso en cualquier examen te obliga a repetir todos desde el principio. Es un riesgo que asumes cada convocatoria.
- El coste económico. Aunque Outeiriño no provenía de una familia con recursos extraordinarios, el acceso a un preparador de calidad tiene un precio. Este es un obstáculo real que muchos opositores enfrentan.
La idea de que solo pueden acceder a estas oposiciones personas de familias adineradas persiste, pero historias como la de Outeiriño demuestran que el factor económico, aunque relevante, no es determinante si tienes claridad de propósito y capacidad de esfuerzo sostenido.
