Cómo aprobar las oposiciones a notario en menos tiempo del habitual
Andrés Outeiriño, con 26 años, acaba de convertirse en notario tras superar todas las pruebas en su primera convocatoria. Lo ha logrado en tres años y cuatro meses de preparación, muy por debajo de la media que fija el Consejo General del Notariado en torno a cinco años. Su caso es excepcional, pero también revela cómo funcionan estas oposiciones y qué exigen realmente al candidato.
El proceso consta de cuatro exámenes eliminatorios. Si suspendes cualquiera de ellos, incluso el último, tienes que volver a empezar desde cero en la siguiente convocatoria. Es un sistema de todo o nada que explica por qué muchos aspirantes tardan años: no es raro repetir la primera fase varias veces antes de poder avanzar.
La rutina diaria: nueve horas concentradas
Durante su preparación, Outeiriño estudiaba nueve horas efectivas de lunes a sábado. Se levantaba a las 7.35, comenzaba a estudiar a las ocho, hacía una pausa para comer a las dos de la tarde y retomaba el estudio de cuatro a siete. Después, consideraba terminada su jornada laboral y volvía a hacer vida normal: entrenaba, veía a su novia, a amigos y familia.
La clave está en separar mentalmente el tiempo de estudio del tiempo libre. Muchos opositores cometen el error de mantener los libros cerca durante todo el día, sin horarios claros, lo que genera agotamiento mental sin productividad real. Outeiriño convirtió sus nueve horas en su «trabajo», con lo que el resto del tiempo podía desconectar sin culpa.
Memorización y dominio del temario
Uno de los ejercicios más peculiares es el llamado «cante»: presentarse ante el preparador y recitar de memoria un tema elegido al azar, con cronómetro en mano. Los dos primeros exámenes de la oposición son orales; en el primero se recitan temas de Derecho Civil y Fiscal durante aproximadamente una hora. El tercero es un dictamen práctico de seis horas, y el cuarto combina la redacción de una escritura pública con ejercicios de matemáticas financieras.
No se trata solo de memorizar, sino de dominar perfectamente la extensión de cada tema para controlar el tiempo durante el examen oral. Eso solo se logra repitiendo el temario una y otra vez hasta que las lecturas son cada vez más rápidas.
El sacrificio real: qué implica para tu vida
Los viajes de fin de semana no son posibles porque el sábado hay que estudiar. Las vacaciones de verano se reducen drásticamente. No puedes hacer planes que se alarguen hasta tarde los viernes. Pero, contrariamente a lo que muchos creen, no es necesario aislarse completamente del mundo. Es posible mantener relaciones personales si estableces límites claros y si tu familia entiende el proceso.
Lo que sí requiere es una organización minuciosa. Hasta los detalles pequeños —el orden de los bolígrafos, la estructura del día, la comida preparada— deben funcionar como un engranaje. No es obsesión; es la única forma de sostener un esfuerzo mental tan intenso durante años sin colapsar.
Uno de los errores más frecuentes entre opositores es intentar compatibilizar estas oposiciones con un trabajo a tiempo parcial o completo, o con otras actividades que desvíen la atención. La realidad de estas pruebas es que exigen dedicación casi exclusiva para poder aprobar en tiempo razonable.
