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¿Dónde está el riesgo? El mercado de deuda pone freno al boom de la inteligencia artificial

¿Dónde está el riesgo? El mercado de deuda pone freno al boom de la inteligencia artificial

Cuando la deuda pone precios distintos a la misma tecnología

La inteligencia artificial tiene dos valores en los mercados financieros y esa brecha empieza a importar más de lo que parece. Los accionistas de empresas como Nvidia, Microsoft o Alphabet confían en que la carrera tecnológica durará años y que los beneficios serán extraordinarios. Los acreedores, en cambio, ven otro escenario: exigen intereses cercanos al 10% para financiar lo que estas empresas necesitan de verdad: infraestructura.

Las cifras hablan por sí solas. En lo que va de 2026, se han emitido bonos vinculados a la IA por más de 366.000 millones de dólares. Eso ya supera en 200.000 millones toda la emisión de 2025 completo. Empresas como CoreWeave aceptan tasas superiores al 9%, y Galaxy Digital ha colocado deuda cercana al 10% para levantar centros de datos. Mientras, Nvidia trabaja junto a Apollo, BlackRock, Blackstone, Goldman Sachs y KKR para movilizar hasta 500.000 millones destinados a garantizar flujo de capital hacia el sector.

¿Por qué esta desconfianza del lado del crédito? Porque el modelo de negocio es arriesgado. CoreWeave, por ejemplo, necesita invertir miles de millones en procesadores y servidores antes de cobrar un euro en ingresos recurrentes. Uno de sus créditos de 2.600 millones está destinado únicamente a comprar tarjetas gráficas. Ese dinero vence en 2030 a un tipo variable. La dependencia del mercado de deuda es absoluta.

Aquí es donde debes fijarte bien: el Banco de Inglaterra ha señalado que el sector cruzó un punto de inflexión. Las necesidades de inversión en infraestructura ya superan la capacidad de autofinanciarse. Los cinco principales operadores del mercado (Meta, Alphabet, Amazon, Microsoft y Oracle) representaban apenas el 3% de la deuda estadounidense de grado de inversión a finales de 2025, pero ya concentraban más del 15% de las nuevas emisiones en mayo de 2026. Barclays calcula que estos cinco podrían movilizar hasta 240.000 millones mediante bonos de alta calidad solo en 2026.

El riesgo real está en el colateral. Los créditos para centros de datos se firman a plazos superiores a diez años, pero los servidores y procesadores tienen vidas económicas cortas e inciertas. Pueden quedarse obsoletos mucho antes de que se devuelva el préstamo si aparecen nuevas generaciones de chips que los hagan inútiles. JP Morgan estima que solo en semiconductores se necesitarán más de dos billones de dólares en cinco años.

La consecuencia práctica: si antes un proyecto rentaba con deuda al 6%, ahora requiere intereses del 9% o 10%. Eso hace que muchas inversiones dejen de ser viables. Los fabricantes de hardware pueden seguir vendiendo a corto plazo mientras sus clientes luchan para financiar la expansión. Pero si los altos costes de financiación terminan por frenar los pedidos de chips o retrasan la apertura de centros de datos, las valoraciones actuales del Nasdaq se basarán en expectativas que no lleguen a cumplirse. Ese es el momento en que el mercado de renta fija podría frenar en seco toda la ecuación.

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