Cuando la preparación de oposiciones convive con el gaming de élite
A los 24 años, Thoren Baquero Rodríguez se enfrenta a una combinación poco frecuente: estudiar para las oposiciones a bombero mientras compite al más alto nivel en videojuegos. Ha ganado ULTRAGAMER, un campeonato impulsado por Intel y El Corte Inglés que busca identificar al jugador más versátil de España. La final se celebró dentro de TLP Tenerife 2026, la mayor feria de entretenimiento digital de Canarias, donde se enfrentó a otros dos finalistas tras superar pruebas diseñadas por los creadores Mixwell y Werlyb.
Lo relevante aquí no es solo el título que ahora luce en su perfil. El premio de 5.000 euros tiene un destino claro en su proyecto vital: reforzar la preparación de unas oposiciones que, como sabes, requieren dedicación, inversión en materiales y, a menudo, academias especializadas. Desde una perspectiva práctica, cada euro cuenta cuando te lanzas a una convocatoria competitiva.
Un concurso diferente al modelo tradicional
ULTRAGAMER no funciona como los torneos de gaming al uso, donde se domina un único juego y eso determina todo. Aquí los aspirantes tuvieron que demostrar versatilidad en múltiples disciplinas:
- Desafíos de realidad virtual, aumentada y mixta
- Gaming clásico
- Pruebas de precisión y shooters
- Retos que recorrían la evolución histórica de los videojuegos
El proceso arrancó en mayo con selecciones en Barcelona y se extendió durante meses. Esto importa porque refleja un cambio en cómo se estructura el gaming competitivo: no basta destreza puntual en un título, sino adaptabilidad a contextos tecnológicos diversos.
Detalles que suelen pasarse por alto
Cuando ves un título así en un currículum, tiende a desestimarse como «hobby» o entretenimiento. Error. Un concurso de este calibre, con influencers presentes (Carmen Sandwich, Mayichi, Sofía Waseo y Noni, entre otros) y producción de empresas como GGTech Entertainment y Arigato, tiene una estructura, presencia mediática y reconocimiento que vale documentar.
Para quien prepara oposiciones, además, hay un aspecto psicológico: competir bajo presión en contextos públicos desarrolla templanza mental que luego resulta útil en tribunales de examen. No es lo mismo estudiar solo que exponerse a evaluación en directo.
El caso de Thoren muestra también que la preparación de una oposición no tiene por qué ser un encierro total. Mantener actividades que te dan seguridad personal y, en este caso, financiación adicional, puede ser más efectivo que el sacrificio absoluto. Cada opositor responde de manera distinta al estrés y a las rutinas de estudio. Conocer tu propio ritmo es clave.
