Cómo preparan una oposición de inspector de Hacienda los que la aprueban
Patricia Alonso y Guillermo Goizueta han logrado posicionarse entre los cinco mejores opositores de España en la convocatoria de inspector de Hacienda. Ambos son de Oviedo, comparten pareja y, además, han estudiado juntos desde la Universidad. Lo relevante aquí no es solo su éxito, sino lo que su experiencia revela sobre cómo abordar estas pruebas cuando trabajas a tiempo completo.
Ambos son licenciados en Derecho y ADE por la Universidad de Oviedo. Primero aprobaron las oposiciones para Técnico de Hacienda, lo que les llevó a trabajar en Barcelona. Una vez en el puesto, decidieron ir a por la siguiente categoría: inspector. Tardaron cuatro años en el proceso completo, y dedicaron tres específicamente a la preparación del salto a inspector.
¿Qué estructura siguieron? Lo primero que destaca es que no estudiaron solos. Trabajaron semanalmente con un preparador especializado, sobre todo para los exámenes orales, que consideran cruciales. En cuanto a las horas, el ritmo cambió según el momento: durante los primeros dos años combinaban trabajo en la mañana con estudio por la tarde. Los meses previos a las convocatorias intensificaban el volumen, pero siempre con descansos integrados.
Aquí viene un detalle importante que cometen muchos opositores: pensar que más horas equivale a mejor resultado. Patricia y Guillermo insisten en que «excederse y pegarse palizas brutales no es bueno». La organización, el deporte y el descanso real fueron tan cruciales como el temario. El deporte, además, servía para crear rutina y despejar la mente.
El factor logístico también cuenta. Ambos aprovecharon un permiso que el Cuerpo de Técnicos de Hacienda les ofrecía: dos meses sin ir al trabajo para estudiar. También gastaron prácticamente todas sus vacaciones en preparación. El sacrificio fue consciente y medido.
En los nervios antes de los exámenes hay otro aprendizaje. Patricia reconoce que hacer el examen en último lugar (tras ver pasar a otros opositores) genera más tensión que hacerlo primero. Guillermo admite que la noche anterior no durmió, pero también señala algo que puede parecer trivial pero influye: desconocer cómo es la sala, quién estará como tribunal, cómo funciona el sorteo de temas. La incertidumbre golpea psicológicamente.
El mensaje final que comparten toca un aspecto que muchos olvidan: la consistencia no significa trabajar sin parar. Es estar decidido, asumir el esfuerzo que requiere el proceso sin obsesionarse, y reconocer que un día de menor rendimiento no echa a perder todo. Los «pequeños granitos de arena», como dice Guillermo, construyen una base sólida que te permite llegar al día del examen con confianza, no con pánico.
