Cuando suben los tipos, no todos los apuestos por IA sufren igual
El encarecimiento del dinero ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda para los inversores tecnológicos: ¿puede un coste del capital persistentemente alto frenar el ciclo de la inteligencia artificial? No es una cuestión menor. Los rendimientos de los bonos estadounidenses a 30 años tocaron máximos de 19 años, superando el 5,33%, en un movimiento que también se replica en Japón y en Europa. Detrás está la preocupación por una inflación que no termina de ceder y un endeudamiento público cada vez más voluminoso.
Para las acciones de crecimiento, la mecánica es directa. Buena parte de su valor actual depende de beneficios futuros que, cuando los descuentas a una tasa de interés más alta, pierden peso en términos presentes. Pero en el caso de la IA hay un segundo problema más grave aún: las empresas han comenzado a financiar su despliegue masivo de infraestructuras con deuda en los mercados. Eso significa que un aumento de los rendimientos no solo comprime las valoraciones teóricas, sino que también sube directamente el coste de construir nuevos centros de datos y reduce el flujo de caja disponible para hacerlo.
Aquí es donde emergen las diferencias. No todas las compañías del sector están en la misma posición. Microsoft o Amazon tienen negocios diversificados, generan mucho flujo de caja y cuentan con un historial de inversiones que han funcionado. Para ellas, unos tipos más elevados son un incordio, pero asumible. Para otras, como CoreWeave u Oracle, donde la financiación externa tiene un peso mayor, cualquier nuevo aumento del coste de la deuda puede frenar los planes de expansión de forma significativa.
Las bolsas ya están mostrando sensibilidad a esto. El Nasdaq cayó un 1,3% en una sesión reciente, pero el impacto fue mucho más severo en los índices especializados: el ETF de semiconductores VanEck retrocedió un 4,1%, mientras que el Roundhill Generative AI & Technology ETF perdió un 5,7%.
¿Burbuja o realidad?
Los analistas que estudian los ciclos especulativos históricos encuentran un patrón: los máximos en tipos de interés suelen coincidir con momentos próximos al final de las burbujas. Pero eso no significa que vaya a ocurrir automáticamente ahora. Los niveles actuales siguen siendo inferiores a los de determinados períodos históricos, y un aumento de 25 puntos básicos probablemente no sería suficiente por sí solo para detener la inversión en IA.
El verdadero riesgo no está en los tipos per se, sino en la combinación de dos factores: que los rendimientos de los bonos permanezcan elevados durante años y que, simultáneamente, las grandes tecnológicas comiencen a mostrar que los cientos de miles de millones invertidos en infraestructura no generan los retornos esperados. Mientras sigan transformando esas inversiones en crecimiento real de ingresos, márgenes y efectivo, las valoraciones encontrarán justificación incluso con tipos altos.
El quid de la cuestión es este: si los beneficios no terminan llegando, entonces sí, unos tipos elevados amplificarán el problema. Porque no solo comprimen las valoraciones, sino que también encarecen la financiación y obligan a revisar planes de inversión. Por eso la verdadera prueba del ciclo será verificar que el crecimiento extraordinario de la inversión acaba generando un crecimiento extraordinario de los beneficios.
