Cuando el escenario gana a las oposiciones
Tania Zapata estaba en su casa de Monelos, en A Coruña, repasando apuntes de Magisterio por tercera vez. Era interina, la plaza fija no llegaba, y la frustración empezaba a ganar terreno. Entonces sonó el teléfono: una orquesta la había visto bailar en un videoclip y quería contar con ella. Sin dudarlo, metió los libros en el trastero. Eso fue hace cuatro años.
Hoy Zapata es bailarina de la Panorama, considerada la mayor orquesta de España. Cada agosto trabaja 33 días seguidos bajo los focos de las verbenas gallegas, y el resto del año recorre festivales por toda la geografía. Lo que comenzó como un trabajo temporal se convirtió en su proyecto de vida, en una decisión que muchos habrían visto arriesgada pero que ella vivencia como una aventura.
El cambio no fue pequeño. Pasó de una vida convencional —estudiante, profesora interina de danza ocasional— a un ritmo completamente invertido: duerme de día, trabaja de noche. El despliegue es enorme: tráileres, equipación técnica, y decenas de personas viajando juntas durante semanas. Zapata vive en una autocaravana junto a músicos y otros bailarines a los que describe como hermanos, gente que comparte cena y espacio, y que inevitablemente se queja del que ocupa el otro.
El precio físico es alto. Se maquilla durante una hora cada noche, calienta músculos, soporta dolores crónicos. Toma una decena de complementos diarios: magnesio, hierro, otros. Bromea sobre parecer una abuela, pero lo dice en serio. No es un empleo cualquiera.
Las gestiones administrativas son complicadas cuando viajas así: ir al banco, resolver trámites, todo requiere creatividad. Aunque cuando la gira pasa por Galicia regresa cada noche a Vilagarcía de Arousa, donde ahora vive, y coge el tren cuando puede para ver a su familia en A Coruña. Siente que parte de su hogar ya viaja con ella en la orquesta.
Lo curioso es que su pareja también forma parte de este proyecto: es músico, entró a la orquesta el mismo día que ella y hubo flechazo en el primer ensayo. Ahora ella le enseña a bailar y él la introduce en la música, un campo donde ya ha hecho sus propias incursiones.
La historia tiene un añadido: de una mala etapa y un papel surgió la canción «Me voy», que acabó siendo adquirida e interpretada por María Kilate. Lo que parecía un punto de quiebre en su trayectoria se transformó en creación artística.
A veces lo único que separa una carrera consolidada de otra abandonada es el timing y la valentía. Zapata tuvo ambas cuando se atrevió a cerrar los apuntes sin saber si volvería a abrirlos.
