Ortografía y oposiciones: cuando el tribunal no es el problema
Las protestas de opositores suspendidos en las pruebas de acceso a maestro han generado debate sobre los criterios de evaluación. El punto central está en las faltas de ortografía detectadas en los exámenes y cómo se valoran en el proceso selectivo.
La cuestión que se plantea es legítima: ¿hasta qué punto debe ser determinante el dominio del castellano en una oposición docente? La respuesta depende de cómo esté redactada la convocatoria y qué peso asigna a cada criterio. Si la base especifica que los errores ortográficos penalizan o eliminan candidaturas, el tribunal debe aplicarlo. Si no lo dice, hay margen para reclamación. De ahí que revises bien el temario de la convocatoria que prepares: no es lo mismo una falta leve que un criterio de eliminación automática.
Ahora bien, hay un problema de fondo que trasciende los detalles procedimentales. Un docente que va a enseñar a escribir a niños debe dominar la ortografía de forma razonable. No se trata de perfección, sino de competencia básica en la lengua que va a transmitir. Los tribunales no inventan este requisito: está en el sentido común de la profesión.
Lo que se observa en estos casos es una tendencia: muchos candidatos parecen subestimar la importancia de escribir correctamente. Algunos lo atribuyen al uso de dispositivos móviles, al contacto constante con redes sociales donde la gramática es secundaria, o simplemente a una disminución del hábito lector. Sea cual sea la causa, el efecto es el mismo.
Como futuro opositor, ten claro que:
- Revisa siempre si la convocatoria especifica cómo se penalizan los errores ortográficos.
- No asumas que «un poco de faltas» es aceptable. Los tribunales suelen ser consistentes en este tipo de decisiones.
- Practica la escritura formal regularmente, no solo memorices contenidos.
- Lee materiales de calidad: libros, prensa especializada, documentos administrativos. Es la manera más efectiva de entrenar el ojo ortográfico.
- Si suspendes y consideras que hay arbitrariedad, recurre, pero hazlo sobre bases procedimentales sólidas, no sobre la discrecionalidad del criterio en sí.
El debate sobre si la ortografía debe pesar tanto es legítimo y se puede mantener. Pero hacerlo desde la posición de quien comete faltas graves genera, cuando menos, una contradicción difícil de sostener públicamente si aspiras a educar.
