Las megaempresas tecnológicas apuestan todo a la IA, pero los números no cierran
Cuando Alphabet publicó sus últimos resultados, la cifra de ganancias por acción saltó a los 9,11 dólares. Pero aquí está el problema: más de dos tercios de esa cifra provenían de ganancias que no son reales. Eran valoraciones teóricas de sus participaciones en empresas de inteligencia artificial como Anthropic, equivalentes a 77.000 millones de dólares. Esto significa que si esas acciones bajan de valor, esas ganancias desaparecen.
Google forma parte de lo que se conoce como las «hiperescaladoras»: los gigantes tecnológicos que están invirtiendo sumas colosales en infraestructura de IA. Estamos hablando de centros de datos enormes, chips caros de Nvidia, y participaciones accionariales en startups de IA. El resultado es que, por primera vez en su historia, el flujo de caja libre de Alphabet se ha vuelto negativo. Los gastos en capital superan lo que la empresa ingresa en efectivo.
No es un problema aislado de Google. Meta, Microsoft y Amazon están haciendo lo mismo. Los cuatro gigantes de la nube se espera que gasten más de 725.000 millones de dólares en infraestructura de IA durante 2026. Para financiar esto, Alphabet ya ha adquirido casi 100.000 millones de dólares en deuda y hace poco levantó 85.000 millones mediante una venta de acciones, la primera en más de veinte años.
Aquí surge una pregunta incómoda: ¿y si todo esto no sale como se espera?
Un riesgo sistémico para la economía
El valor de mercado de estos gigantes tecnológicos representa actualmente el 40% de la capitalización total del S&P 500. Eso significa que su suerte es la suerte de todo el mercado. Si sus acciones se desplomasen, arrastrarían consigo a la bolsa entera.
El escenario de éxito es claro: la IA debe convertirse en una herramienta tan productiva que revolucione la economía estadounidense e impulse un crecimiento real de la productividad. Eso es lo que necesita ocurrir para justificar las inversiones colosales que se están realizando y para que esas ganancias «teóricas» se conviertan en dinero real.
Pero el riesgo es evidente. Si la IA no genera los retornos esperados, si las empresas siguen gastando sin obtener beneficios tangibles, el modelo se quiebra. Y cuando algo que representa el 40% de tu bolsa se quiebra, el mercado entero sufre.
Como abogados que trabajan en el sector inmobiliario y empresarial, vemos cómo los ciclos económicos afectan a nuestros clientes. Las burbujas tecnológicas no son nuevas. Lo que importa es que entiendas dónde está tu dinero, qué riesgo sistémico existe en tu cartera y cómo proteger tu patrimonio si las cosas cambian de dirección. No es paranoia; es diligencia debida.
