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Horacio Becerra (55 años) funcionario de la Seguridad Social: “aprobar las oposiciones era sí o sí, hubo un día que estudié más de 11 horas”

Horacio Becerra (55 años) funcionario de la Seguridad Social: “aprobar las oposiciones era sí o sí, hubo un día que estudié más de 11 horas”

Cambio de carrera a los 55: cómo Horacio Becerra consiguió plaza en la Seguridad Social

Perder el empleo a los 55 años en el sector de las telecomunicaciones te coloca ante una encrucijada. Horacio Becerra, tras quedarse en paro en marzo, eligió el camino de la estabilidad: prepararse unas oposiciones para entrar como funcionario de carrera. No tenía experiencia previa en este mundo, pero identificó una convocatoria de administrativos de la Seguridad Social con miles de plazas disponibles y decidió intentarlo.

Comenzó a estudiar a finales de marzo y tuvo siete meses y medio para prepararse. El tiempo se reveló como su principal rival: esperaba que el examen fuera posterior a Navidad, pero se celebró el 30 de noviembre. Eso le obligó a intensificar el ritmo en los últimos meses, especialmente cuando entendió que desconocía completamente conceptos básicos sobre pensiones, prestaciones y cotizaciones de la Seguridad Social.

Su metodología fue progresiva. En la primera fase del aprendizaje veía vídeos y después relleía apuntes tomando notas nuevas. Hasta finales de junio no dominaba suficientemente la materia. Entonces se permitió un descanso: el Camino de Santiago. Pero incluso durante esas dos semanas, sacaba esquemas de la Constitución para estudiar en parques. Los test los abordó en dos etapas: primero para verificar que dominaba los contenidos, y luego, el mes anterior al examen, los completó todos para calibrar su verdadero nivel. Cuando detectaba errores, iba directamente a la ley para entender qué había fallado.

El horario inicial era de cuatro horas y media por la mañana y dos por la tarde, comenzando a las nueve. Según avanzaban los meses, añadió sábados y, en noviembre, alargó las sesiones hasta casi medianoche. Reconoce un día de más de once horas de estudio. Aún así, mantuvo inviolables sus partidos de pádel los martes y el apoyo de su pareja, sus hijos y un grupo de ocho opositores con los que compartía dudas.

El día del examen, aprobó con 57,5 puntos sobre 70 en el test y 11,25 sobre 15 en el supuesto práctico. Respondió primero las 70 preguntas del test en una hora y cinco minutos, dejando el supuesto para el final. Allí perdió demasiado tiempo con una pregunta cuyo cálculo no arrojaba un resultado válido. Pasó varias semanas con la incertidumbre, actualizando obsesivamente la página de resultados hasta encontrar su nombre entre los aprobados.

Ahora aspira a una plaza en la Tesorería General de la Seguridad Social, cerca de donde vive, y ya se prepara para opositar al subgrupo A2. Su consejo es directo: plantéate un objetivo claro, diseña un método constante y no vaciles. Quien oposita no prueba: va a por todas. Es cuestión de trabajar diariamente y no abandonar.

Desde el punto de vista jurídico y laboral, el caso de Horacio ilustra una realidad que muchos olvidan: a partir de cierta edad, el acceso a la función pública puede ser una estrategia válida de reinserción profesional. Las convocatorias con abundantes plazas reduce la competencia extrema y ofrecen estabilidad real. Lo que requiere es precisamente lo que Horacio demuestra: disciplina sin obsesión, método sin rigidez paralizante, y claridad sobre qué significa realmente «necesario darlo todo».

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