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«Hay altos funcionarios con conflicto de intereses y se les ha dejado hacer» | Temas del día

«Hay altos funcionarios con conflicto de intereses y se les ha dejado hacer» | Temas del día

El poder invisible de los altos funcionarios juristas y sus conflictos de intereses

Los abogados del Estado, los letrados del Consejo de Estado y los de las Cortes operan en un terreno donde la normativa actual permite situaciones que generan claros conflictos de intereses. Se trata de profesionales que acumulan poder de decisión real sobre reformas legislativas y políticas públicas, pero sin los controles de transparencia y rendición de cuentas que cabría esperar.

El problema radica en que estos funcionarios pueden compaginar su trabajo público con actividades privadas de forma simultánea o secuencial. Algunos han tenido despachos propios mientras cobraban sueldo de la Administración. Otros ocupan cargos en empresas privadas sobre las que previamente tomaron decisiones desde el sector público. Y la práctica es legal porque nadie ha legislado para impedirlo.

¿Por qué persiste esta situación? Porque enfrentarse a estos colectivos tiene un coste político alto. Un abogado del Estado que se sienta presionado puede frenar iniciativas con informes jurídicos negativos. Los políticos prefieren no tocar este engranaje. Además, combatir estos privilegios no genera rédito electoral, así que permanecen en la sombra, incómodos cuando sale a la luz su existencia.

Los datos conocidos son reveladores:

  • Se dieron permisos de compatibilidad a 33 abogados del Estado para trabajar en la privada. Aunque ya no se otorgan nuevos, los que los tenían los conservan. Quedan ocho activos.
  • El 40% del cuerpo de abogados del Estado está en excedencia, muchos pleiteando contra la propia Administración que les mantiene la plaza y el sueldo. En una empresa privada esto sería impensable.
  • Las sagas familiares aparecen en estos cuerpos. No se hereda el puesto, pero sí acceso a círculos muy cerrados de una clase social determinada.

Lo inquietante es que estas prácticas se toleran porque no existe presión institucional para cambiarlas. Un funcionario mencionaba hace poco: si los «encabronas», no salen los papeles. Esa capacidad de bloqueo silencioso es precisamente lo que mantiene intacto el sistema.

Desde el punto de vista jurídico, hay reformas sencillas que nunca se han planteado. Por ejemplo, prohibir que quien se va en excedencia pleiteé contra el Estado. O exigir que los letrados de secciones especializadas (como la que asesora sobre normas financieras) no ocupen simultáneamente puestos en entidades reguladas. O establecer transparencia real sobre quién contrata a estos funcionarios y por qué razones.

El reto es encontrar equilibrio. Estos cuerpos existen para garantizar que la Administración tenga asesores independientes, sin subordinación al político de turno. Ese contrapeso es necesario. Pero el poder debe venir acompañado de ejemplaridad y exclusividad, no de un trampolín hacia la privada sin límites.

Si quieres conocer a fondo cómo funciona este sistema de incompatibilidades permitidas y qué implicaciones tiene para la toma de decisiones públicas, hay material de análisis detallado al respecto. Lo importante es saber que estas prácticas existen, son legales hoy, y que la transparencia sigue siendo el mejor antídoto contra los conflictos que prosperen en la penumbra.

Leer la noticia completa en naiz.eus »

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