Cuando la gestión del tiempo se convierte en una disciplina más
Compaginar una carrera universitaria de envergadura, un trabajo en fuerzas de seguridad y competiciones deportivas de nivel internacional parece una ecuación imposible. Sin embargo, hay personas que lo logran, y sus historias revelan algo importante sobre cómo funcionan realmente los sistemas de organización personal y las prioridades cuando uno decide no elegir entre sus pasiones.
Nekane estudia cuarto de Medicina mientras trabaja como policía interina y compite en jiu-jitsu. Además, participa en la gestión del gimnasio donde entrena. Su trayectoria ilustra un fenómeno que ves a menudo en personas con alta responsabilidad: la necesidad de estar en movimiento constante, de exprimir al máximo cada hora disponible.
Lo interesante de su experiencia es cómo enfrentó momentos de convergencia crítica. Cuando coincidieron los exámenes finales de la carrera con el mes de formación policial —ocho horas diarias de clase, de mañana a tarde—, tuvo que recurrir a métodos poco convencionales. Imprimió un calendario de gran tamaño, mapeó cada obligación al milímetro, cambió grupos de prácticas en la universidad y aprovechaba pausas para repasar. Durante los turnos en patrulla, escuchaba material de estudio a través de dispositivos inteligentes en los momentos sin atención requerida.
Desde una perspectiva de gestión, hay un aspecto crucial que merece atención: la priorización. Nekane dejó claro que la universidad era su prioridad principal. Por eso, aunque llevaba meses apuntada a la oposición de policía, no comenzó a prepararla hasta una semana antes del examen. Esta decisión refleja un criterio que muchos olvidan: no se trata de hacer todo al mismo nivel, sino de establecer jerarquías y ajustar el esfuerzo en consecuencia.
Su incursión en las fuerzas de seguridad nació casi como proyecto temporal —un contrato de seis meses para el verano—, lo que también facilita la planificación. Sabía que era una fase acotada en el tiempo, no un compromiso indefinido que le impidiera volver a enfocarse en Medicina.
En cuanto al jiu-jitsu, su práctica comenzó casi por casualidad, acompañando a su hermano, pero se convirtió en elemento central de su vida. Ha competido en eventos internacionales, incluyendo clasificatorios europeos. Este tipo de actividad, aunque exigente, funciona para muchos como válvula de escape necesaria cuando las obligaciones académicas y laborales se vuelven asfixiantes.
Un error común que comete quien intenta múltiples actividades simultáneamente es tratar de mantener la misma intensidad en todos los frentes. La realidad es que hay ventanas de mayor demanda en unas áreas y otras. Reconocer eso, planificar alrededor de ello y ajustar las expectativas en cada ámbito según el ciclo actual es lo que diferencia entre el colapso y la sostenibilidad.
Lo que también destaca en este caso es que la formación universitaria en Medicina no cierra puertas, sino que las abre. Nekane aún mantiene abiertas sus opciones futuras: desde especializarse en un área quirúrgica hasta explorar oportunidades internacionales. La carrera le proporciona ese colchón de flexibilidad que permite seguir sumando experiencias sin sentir que renuncia a nada fundamental.
