Cuando los errores de escritura definen quién enseña
Las oposiciones docentes están sacando a la luz un problema que va más allá de una simple prueba de acceso. Los porcentajes de suspensos en distintas comunidades autónomas—algunos cercanos al 80% en ciertas especialidades—no son casualidad, sino síntoma de una carencia más profunda que afecta a quienes quieren ejercer como maestros o profesores.
La ortografía, aunque no es el único factor, juega un papel determinante. Errores como escribir «abances» en lugar de «avances», «surga» en vez de «surja» o «llendo» cuando corresponde «yendo» no son meros deslices. Revelan lagunas que resultan difíciles de justificar en alguien que va a estar frente a una clase. Un docente no solo debe conocer su materia; también debe ser referencia en cómo se comunica. Cuando escribes una palabra errónea en la pizarra, tus alumnos la copian así. Es un efecto multiplicador.
El debate ha cogido especial relevancia tras conocerse resultados como los de Canarias, donde apenas el 18,6% de los aspirantes a profesor de Secundaria superó la primera fase, mientras que en la especialidad de Música y Artes Escénicas el aprobado llegó al 51,7%. Desde las administraciones educativas se culpa al modelo de acceso, tachándolo de memorístico y eliminatorio. Pero esto no explica el fondo del asunto.
La cuestión que se plantea es si el móvil y el ordenador nos han hecho olvidar aspectos fundamentales de la escritura. Muchos estudiantes que se preparan para la docencia entregan trabajos, correos y presentaciones repletos de errores, no solo ortográficos sino también de puntuación, sintaxis y comprensión lectora. No es un problema aislado de las oposiciones: sucede en el día a día.
No todos los errores pesan igual
- Las faltas graves en palabras de uso común son especialmente problemáticas.
- Confundir grafías básicas—la b y la v, la ll y la y—indica una deficiencia difícil de justificar.
- Los fallos en puntuación y sintaxis pueden indicar problemas de comprensión más amplios.
- Una duda puntual sobre una palabra poco habitual es distinto a un patrón de descuidos reiterados.
Aunque las pruebas de acceso pueden tener límites sobre cuántos puntos descontar por ortografía, llega un momento en que la cantidad de errores hace que el resultado sea inevitable. La cuestión no es si deberían existir estos controles, sino por qué alguien que aspira a la docencia llega a las oposiciones con estas carencias.
Es un recordatorio de que la formación previa importa, y que la escritura correcta sigue siendo una habilidad esperada en profesionales de la educación, sea cual sea la era digital en que vivamos.
