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Andrea González, de 27 años, tuvo que presentarse a cuatro oposiciones de maestra para lograr una plaza fija:

Andrea González, de 27 años, tuvo que presentarse a cuatro oposiciones de maestra para lograr una plaza fija:

Cuando la persistencia vence al azar de las oposiciones

Aprobar una oposición docente no es cuestión solo de preparación. Andrea González lo sabe bien: le costó cuatro intentos conseguir su plaza fija como maestra. Ese número, cuatro, resume bastante bien la realidad de las oposiciones públicas en educación: hay factores que escapan a tu control, aunque estudies y te presentes año tras año.

Su primer intento fue por Infantil en Asturias. Luego probó en Castilla y León, también por Infantil. La tercera oposición la hizo en Asturias de nuevo. En la cuarta, cambió de especialidad: se presentó por Primaria en el Principado y consiguió plaza. ¿Qué cambió? Que este año la Consejería convocó más vacantes: 556 plazas frente a las 556 que sacó el curso anterior. Esos puestos adicionales abrieron una puerta que antes estaba cerrada.

Aquí viene lo importante: el baremo, esos puntos que acumulas por experiencia, años como interino, formación o méritos, fue insuficiente en los intentos anteriores. Tenías los conocimientos, pasabas el examen, pero no había suficientes vacantes para tu posición en el ranking. Es decir, no dependía solo de ti. Esto es lo que muchos opositores no tienen en cuenta: trabajar y prepararte bien es necesario, pero el número de plazas es determinante.

Ahora que tiene su plaza, Andrea no deja de señalar un problema que la experiencia le ha mostrado: las ratios en las aulas. Mientras haya colegios con 23 niños por aula, el sistema sigue sin resolver sus cuellos de botella. Aumentar docentes fijos es un paso, pero insuficiente si esos docentes deben repartirse entre demasiados alumnos.

¿Qué aconseja a quienes aún están en la carrera interina? Paciencia, formación continua e insistencia. Tres cosas que en realidad resumen lo que ella hizo. Pero tiene el mérito de reconocer algo que otros prefieren no decir: que hay suerte de por medio. «Es una lotería muy buena», comenta. Y tiene razón. Una lotería donde ayuda prepararte bien, pero donde también influye cuándo te presentas y cuántas vacantes saca la administración ese año.

Esto importa si tú estás en esa tesitura: no es que debas rendirte si suspendes o no consigues plaza a la primera, pero tampoco es un fracaso personal si lo intentas varias veces. Las oposiciones docentes funcionan así, con un margen de aleatoriedad que va más allá del estudio.

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